
«Las luciérnagas juegan a ser estrellas. Mantos de fluorescencia, fugaces. Han pasado cinco días y no quiero irme. Volver a la agonía de la rutina me inquieta. Sin embargo, no sé si podría acostumbrarme a vivir aquí, permanentemente quieta, mirándolos impasibles y bellos. No tengo un espíritu dócil. Ellos sí, ahora sí.»
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