
«Mi teléfono se duerme a las 10 de la noche y despierta a las 7 de la mañana. Aunque mi día inicia a las 6, pocas veces altero su sueño. La madrugada del lunes pasado, fue la excepción. Recibí un mensaje de la oficina, que alertaba sobre un cierre parcial de nuestras instalaciones por manifestantes. Había que avisar a los equipos de trabajo sobre la alternativa de acceso y medidas de seguridad; comencé a despertar gente.»
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