
En la insensatez de mi delirio
sobreviven perturbaciones
de nuestros cuerpos en guerra.
Gesta de tormentas,
con urgencia de deseo,
que consume mis entrañas.
Como asceta de posguerra,
soy paria de tus días
y privilegiado de tus noches.
Eres mi afán inherente,
advocación maligna,
fortuna y desastre.
Tú…
frente al rótulo del cruce de fronteras,
paras, jugueteas y tanteas el infierno.
Catástrofe que hurga
en mi nostalgia cosmopolita.
Ruptura de caminos.
Virgen descalza,
que llora, que gime,
que se abalanza.
Debacle, ruina, catástrofe, calamidad,
paraíso de carne que enciende los sentidos,
envoltura de halo divino.
En tu sexo me conservo
y me abandono
a la inmortalidad de la gloria transitoria.
Transmuto en ave de cenizas renacida
y, sin ti, alzo el vuelo,
para irme y volver a tu oquedad.
Por Angélica Ponce