
Con siete libros publicados, ocho filmes, un par de precuelas; videojuegos, accesorios, juguetes y una industria editorial paralela que trata de interpretar el universo de Harry Potter o complementarlo; el joven mago ha hecho de JK Rowling no sólo una de las mujeres más ricas de Inglaterra, sino además una de las escritoras de literatura infantil y juvenil contemporáneas más leídas.
Tras el paso sin pena ni gloria editorial de su primera y única novela para adultos: The Casual Vacancy (2012) -que también fuera adaptada para serie televisiva en 2015, con el mismo resultado que el libro-, JK Rowling decidió seguir cuidando y explotando su saga estrella, de ahí que Harry Potter seguirá facturando, pues ya se prepara para estrenar serie televisiva en 2025, cuyas temporadas corresponderán a cada uno de sus libros. Y que, sin duda, más de uno -incluyéndome- la veremos.
Independientemente de las campañas de mercado de las que se ha valido la saga de Harry, hasta formar toda una pottermanía, es indudable que el fenómeno respondió primero al de boca en boca, logrando que infantes, adolescentes y adultos voltearan a las librerías para descubrir qué tenía de especial un pequeño flacucho de 10 años, pelo negro siempre alborotado, gafas redondas y parchadas, y una delgada cicatriz en forma de rayo en la frente, que contaba su primera historia en poco más de 200 páginas y sin ilustraciones.
El panorama no lucía muy afortunado para esta escritora “novata”; no por nada el manuscrito había sido rechazado por diversas casas editoriales. Sin embargo, para fortuna de Rowling salió excelentemente bien librada y, una vez concluido el primer año de Harry en Hogwarts, sus lectores ya ansiaban conocer el desenvolvimiento de un segundo curso y nuevas aventuras en La cámara secreta, título aparecido un año después con casi 100 páginas más.
El éxito fue tal que quienes empezaron con La piedra filosofal esperaron diez años con impaciencia la última entrega: Harry Potter y las reliquias de la muerte. Tal era la euforia que la saga confeccionada por Rowling generó, que The Devil Wears Prada le hace más que un homenaje a los libros y empuja sus ansias por leerlos cuando cuando la última historia todavía es un manuscrito.
¿Por qué? Es muy complicado explicarlo como fórmula, tanto para los expertos en literatura —críticos, editores, literatos— como para aquellos encargados de los fenómenos de masa —sociólogos y psicólogos—. Sobre todo si no se le intenta comparar con clásicos y grandes monstruos de la literatura infantil y juvenil —como Antoine de Saint-Exupéry o Frances Eliza Hodgson Burnett— o, peor aún, del género fantástico —como Tolkien, porque ha de recordarse o saberse que no toda la fantasía está escrita o es apta para niños, como las más de las veces se cree.
Así que más allá de intentar exaltar o demeritar el trabajo de Rowling, lo importante es reconocer su talento para sumarse y crear lectores, porque si algo tiene cada uno de los libros de Harry Potter es una historia bien contada, cuyos personajes y tramas evolucionan paralelamente a su edad, los desafíos son mayores y más oscuros, coqueteando por momentos con el género del terror. Y tal vez sea en estos puntos que se encuentran sus mayores cualidades.
Si bien existen otros aciertos literarios de seriales contemporáneos como Lemony Snicket’s, que también fue llevado al cine en 2004, como película, y a la televisión y el streaming como saga de 2017 a 2019, el impacto no ha sido mismo, seguramente porque los tres huérfanos de la historia de Daniel Handler son prácticamente iguales en sus libros: no cambian su edad, sólo sus aventuras o desventuras.
En cambio, en Potter sus personajes principales pasan de la infancia a la adolescencia —Harry tiene 10 años cuando ingresa a Hogwarts y tendrá 17 cuando egrese o llegue a su fin, al igual que Ron y Hermione—, es decir, en los siete libros se han visto los cambios físicos y emocionales que trae consigo la edad —ya lo dijo el capitán Garfio, en Peter Pan, de James Matthew Barrie, con crecer comienzan los líos—, y al mismo tiempo se va cocinando la que será la batalla final entre el bien y el mal.
Sin ser condescendiente con la trama o los personajes, Rowling va subiendo el tono dramático en cada entrega, enfrentando los demonios particulares y temores, así como cualidades de los seres creados, tanto primarios como secundarios, logrando la identificación de sensaciones, ideales o situaciones con el lector.
Las inseguridades infantiles se van transformando en preocupaciones más complejas con principios de adultez, sin perderse en el camino de los “resbalones” o temores emocionales que se van generando para fortalecer los caracteres y personalidades.
De ser un niño solitario que duerme en una alacena y cuya mayor preocupación es enfrentarse con Dudley, su estúpido primo, en La piedra filosofal, Harry Potter se ve inmerso en un mundo que cuestiona su propia existencia, con la dolorosa pérdida de sus padres, y enfrentándolo consigo mismo para saber quién es.
En La cámara secreta, Potter tiene una idea más clara de su pasado y comienza a intuir su futuro, asumiendo su rol de supervivencia ante la encarnación del mal, Lord Voldemort, enfrentándose indirectamente, mas no por ello con sutilezas, a los conflictos discriminatorios raciales a los que se ve sometida Hermione por ser hija de muggles (no magos), y de esclavitud que viven los elfos domésticos, representados por Dobby.
Hasta aquí, la cinematografía no les había hecho justicia a los libros, las cintas que le fueran encargadas a Chris Columbus resultan sosas y poco transparentan, más allá de la historia, la fortaleza de los personajes. Son extremadamente coloridas, subestimando en más de una ocasión la infancia hasta volverla ñoña.
Se rumora que Steven Spielberg quiso rodarla, pero ante la exigencia de Rowling porque los actores que interpretaran a Harry, Ron y Hermione fueran ingleses, declinó. Habría sido interesante verlo.
Luego vendrá el tema de los “chivos expiatorios” en El prisionero de Azkaban, libro en el que Harry descubrirá que no está solo —pues si bien es cierto que tiene por familia a los Dursley, es como si no existiera, ya que no hay una buena relación, de hecho, no hay nada más allá de los genes— y que tiene a alguien que siempre lo ha cuidado, pero con quien no puede estar por ser un perseguido político: Sirius Black.
Con 12 años de edad, Potter comienza a enfrentarse con la adolescencia y su propio cuerpo, y quien mejor lo entendió en términos fílmicos fue Alfonso Cuarón, el cineasta mexicano que fue buscado por Rowling luego de ver la adaptación cinematográfica de La princesita, así como Y tu mamá también. Curiosamente, El prisionero de Azkaban es el filme de menor duración y el que mejor cuenta la trama. Es la primera novela que juega con aspectos más oscuros y suma personajes, mientras aumenta el número de páginas, superando las 350. Tras el rodaje y completamente extenuado, Cuarón declinó seguir con la saga, pese a confesar haber disfrutado de los libros y las grabaciones.
Toca el turno de El cáliz de fuego, obra en la que el romance, las cosquillas en el estómago, la incomunicación, las rivalidades, los celos y la competencia hacen su aparición, así como la muerte injustificada y muy clara de un inocente. Las artes oscuras dejan de ser una mera clase para apoderarse de la vida de Howgarts. Rowling le apuesta al horror y al suspenso, con un delicado toque de intriga política, así como la formación de un organismo redentor de los derechos universales, donde lo sencillo hubiera sido sumarse a él y vivir todos felices, pero donde se descubre que la esclavitud también puede resultar cómoda y la libertad poco atractiva si no se sabe qué hacer con ella.
Para esta cinta, Mike Newell rompe con el esquema de Cuarón y muestra un trabajo menos oscuro, trágico y político que la novela, sin embargo, conserva —aunque no tan obvio— el crecimiento de los personajes. Es un filme que sale avante si se toma en cuenta que el libro ya rebasa las 350 páginas.
En La orden del Fénix, los demonios internos llegan a los personajes más impensables: los padres de Harry porque, aunque muertos, también tuvieron un pasado y se cometieron errores. Y saberlo o aceptarlo, como hijo, no es sencillo. La pena por herencia también existe.
Esta cinta de David Yates se estrenó y cumplió, aunque siguió conservándose al margen como lo hiciera su antecesor. Lo que es un hecho, es que los actores han crecido, quedando la cuestión de la edad, imagen y proyectos personales de los intérpretes sujeta a dos o tres años más. Baste recordar que, en Inglaterra, Daniel Radcliffe (Potter) recibió su primer cuestionamiento por participar en Equus, la obra teatral de Peter Shaffer, que le exigió un desnudo.
El misterio del príncipe, enfrenta a Harry con la traición y la tercera muerte importante en su vida, ya en La orden del Fénix había perdido a Sirius, y ahora es Dumbledore quien sucumbe, ¿por qué? Esa es una de las mayores intrigas que deja abierta la penúltima novela, mientras se debate el cierre de Hogwarts, se reorganiza el ejército oscuro y McGonagall asume la dirección. Ron y Hermione reconocen sus sentimientos y Potter está más que enamorado de Ginny.
Con Harry Potter y las reliquias de la muerte las especulaciones terminaron y el debate sobre la suerte de Harry es lo que pesa en las discusiones. Mas, independientemente de la posición que se tome se concluye con la saga.
En general los tres chicos que recibieron la invitación para convertirse en magos se desarrollan, y sus cambios hormonales y emocionales se ven afectados y afectan su entorno, llevando la mera historia de acción de la lucha contra el mal, al romance, con toques de intriga, celos, apatía y desenamoramiento. Que, sumados a una atmósfera de amenaza latente, en la que Voldemort —el que no debe ser nombrado— amenaza no sólo la vida de Harry, sino todo el equilibrio del mundo mágico y hasta el muggle (el de los no magos), se antoja conocer si no se subestima al lector y se le integra a un escenario creíble.
Cuando nació Harry Potter, Rowling sabía muy bien lo que hacía y quería del personaje. Pues, aun cuando no se había dedicado profesionalmente a la literatura como escritora, sí tenía estudios universitarios sobre la materia. Así que, una vez que fluyó la historia, trazó toda su existencia en siete años de colegio en Hogwarts, siete libros, ocho películas y, en papel, siete temporadas en streaming.
Aunque Harry Potter y las reliquias de la muerte fue el libro que puso fin al proyecto como saga, dejó abierta la puerta para continuar dando vida a su entorno mágico hasta que los fans lo decidan.
Por Angélica Ponce
*Publicado por vez primera en Milenio Semanal.