Apostasía VI

Dejé de rezar

y encontré un falso Dios.

Tenía tus manos,

tu sexo,

tus labios

y astillas de mis huesos como dientes.

Me prestó un corazón.

Soñé con tu regreso.

Cambié las flores

y el incienso.

No sirvió.

Llegó tu impostor.

Lo odié. Me odié. Te odié.

Lloramos.

Por Angélica Ponce