Benito

De esas historias que se ha inventado,

la bruja de Madame Nonúo,

que no quepa duda:

la más grande y extraordinaria soy yo.

Vivía en una botica, con un buen señor.

Ni Srecko, ni yugoslavo,

soy Benito, el tlaxcalteca,

soy la calavera que Carolina secuestró.

Nací un 2 de marzo, como el patrono de los exorcistas.

Y como él, también protejo contra asechanzas malignas.

Fui muerto en fuego cruzado,

un día cualquiera, en la Guerra Cristera.

No hubo misa ni levantamiento de cruz.

Dicen que las almas de los muertos

nos sentamos junto a los vivos,

a mirar nuestros cuerpos inertes y fríos.

Que abrazamos la pena,

que nos despedimos,

pero no hubo quién me llorara,

quizá, por eso nunca me fui.

Vi mi osamenta, conté mis huesos,

me aferré al cráneo, e incorpóreo volví.

Sin familia, sin sepulcro,

aprendí de lo intangible.

En navegante de lo etéreo me convertí.

Manifiesto visiones, armo hechicerías,

brindo asomos al inframundo.

No son cuentos, no son pesadillas,

son premoniciones, son el futuro.

Posa tu cabeza en la almohada,

abandona a Daniela, deja de ser ella

y mira el mundo con los ojos de Madame Nonúo.

Por Angélica Ponce

¿Quién es Madame Nonúo…?