De idas y vueltas a casa

Eres esa ciudad extraña, cálida y ojete

de la que me gusta irme para volver,

para abandonarme y abandonarte,

para encontrarte y encontrarme.

Entrega incondicional a mis humores.

Rebeldía que se termina al cerrar la puerta.

Cotidianidad inquietante

que acaba con reminiscencias exteriores,

que depura el alma,

que me pide reinventarme.

Eres esa ciudad extraña, cálida y ojete,

que me obliga a mirarme en sus ojos

removiendo mis entrañas.

Raíces entremezcladas y carcomidas

de culpas, de sueños, ¿de esperanza?

Futuro irrisible e inasible de paz forzada,

perdido entre concreto y rascacielos.

Eres esa ciudad extraña, cálida y ojete,

mi adicción más pura.

El gozo de una muerte lenta

a la que me aferro, a la que pauso

buscando otros horizontes,

para volver y volver en ciclo ominoso.

Eres esa ciudad extraña, cálida y ojete,

de la que no voy a desprenderme…

Por Angélica Ponce