
De la fiebre taurina entre intelectuales, músicos, literatos y otros artistas, queda en el anecdotario la breve carrera en los ruedos de un jovencísimo Pedro Cruz Mata, que con el tiempo se convertiría en el tenor Pedro Vargas. Fascinado con la tauromaquia y armillista de corazón, el también actor hace un pacto con el matador Pepe Ortiz, en el que se compromete a enseñarle a cantar a cambio de los secretos de las lidias. Instruido en la teoría, el aspirante a matador es invitado a un pequeño coso de provincia y decide tomar los trastos. Apenas comenzó a dar los primeros lances cuando el novillo tomó el control, propinándole tremenda paliza al debutante que ese mismo día decidió su retiro.
Quien también hizo su intentona fue Gabilondo Soler. Bajo el sobrenombre de El Estudiante compartió cartel como novillero, con Homero González El Callao, Javier Chávez El Terremoto de Tacuba y Luis González Gonzalito, en 1932 en la plaza de Tacuba. Un amor que si bien no continúo vestido de luces sí le rindió tributo a través de Cri-Crí, su álter ego, con Los enanos toreros.[1] Por entonces, también llegaba a las librerías Death in the afternoon[2], de Ernest Hemingway, que se convertiría en un hito del ensayo taurino, reforzando el interés angloamericano y mundial, por Pamplona y, en general, por los toros, que ya había comenzado a trazar The sun also rises.
En las letras mexicanas fue Salvador Novo quien dio la sorpresa. Aunque al poeta no le interesaban los toros, se permitió escribir un romance torero en su viaje por Sudamérica[3]. Apenas llegó a Buenos Aires, en diciembre de 1933, se encontró con Ricardo Molinari, por recomendación de Alfonso Reyes. El poeta argentino, ya para entonces, era muy buen amigo de Federico García Lorca, quien llevaba meses en la ciudad. Así que, sin pensárselo mucho, los presentó. “Federico entraba y salía, me miraba de reojo, contaba anécdotas, y poco a poco sentí que hablaba directamente para mí; que todos aquellos ilustres admiradores suyos le embromaban tanto como me cohibían y que yo debía aguardar hasta que se marchasen para que él y yo nos diéramos un verdadero abrazo” —recuerda Novo en Continente Vacío.
Teniendo que asistir a la Conferencia Internacional Americana, Novo deja Buenos Aires y se dirige a Uruguay, sin embargo, nunca rompe comunicación con García Lorca. Y es a través de una carta que le cuenta al poeta español sobre el Romance de Angelillo y Adela, su nuevo poema; surgido más del cariño y admiración que le profesa al autor de Bodas de Sangre, que del pretexto mismo del que se vale para escribirlo. Según el autor de La estatua de sal, en su estancia en Montevideo se topa con un joven torero: Angelillo; un andaluz que busca desesperadamente volver a España, pero que no cuenta con un quinto en el bolso. Así que sabiendo que Novo es mexicano y que, como buen mexicano, le gustan los toros —porque a todos los mexicanos les gustan (dixit Novo)—, no reparará en auxiliar a un torero en desgracia. Conmovido, el poeta decide ayudar al muchacho, si bien no con la compra del boleto a Europa, sí con “uno de esos sucios, grandes billetes uruguayos”, y un par de consejos y recomendaciones diplomáticas para lograr la repatriación. Más que agradecido, el torero se compromete a rescatar su traje de luces y a ponerse al día en la pensión que habitaba “con el grande y sucio billete”, para quizás, algún día, visitar México[4]. No sucedió. Y Novo tampoco volvió a ver a García Lorca, la Guerra Civil española se interpuso.
Por Angélica Ponce
[1] Compuesta en 1935.
[2] Publicada por Ernest Hemingay, Muerte en la tarde –llamada así en español- combina la historia taurina, su cultura y argot con los sanfermines de 1927, donde figuras como Cayetano Ordóñez El Niño de la Palma y Joaquín Rodríguez Ortega Cagancho sirven de eje a los momentos de crónica y estudio taurino.
[3] Hacia finales de noviembre de 1933, Salvador Novo llegó a Montevideo como parte de la comitiva mexicana que asistiría a la VII Conferencia Internacional Americana, intercalando su estancia en Uruguay y Buenos Aires, Argentina. De su visita por aquellos lares nació el libro Continente Vacío (Viaje a Sudamérica),1935.
[4] Novo, Salvador. Continente Vacío (Viaje a Sudamérica), Espasa Calpe, Madrid, 1935.