Deseo en prosa

¿Qué pasa por mi cabeza cuando me tocas?

Un deseo creciente porque tu mano se pierda entre mis piernas y tu boca mordisquee mis pezones. Los humores son tan transparentes que transgreden la serenidad de las terminales nerviosas.

Tus poros respiran y mi instinto se enciende.

Decides conservar mis bragas y las apartas con los dedos. Separas mis labios, y te sumerges hasta la nada, así de impositivo resulta tu celo. Recorres cada resquicio. Una exploración lenta, rápida, precisa, tan poco poética, tan llena de sonidos. Jadeo.

La provocación y la necesidad, esa necesidad tuya por poseerme y yo en ti, aferrada. Placer llevado a lo indecible. No hay nada que no conozca tu boca. Lo salado de mi cuerpo. Lo ferroso de mi sangrado. Lo hinchado y húmedo de mi sexo. Mi resistencia vulnerada por tu deseo, violentada por tus dientes. Los sueños que se cumplen y tú en mi cuerpo provocando una revolución, entre sábanas que transforman el silencio en sonoros quiebres.

Un jadeo y tu cuerpo rompe en éxtasis, invadiéndome. Un jadeo y se revuelven mis entrañas. El caos. Un jadeo y se pierde la elegancia de las formas en delirio fálico. Un jadeo y termino entre tus piernas.

«Suena grotesco, ¿dónde queda lo sexy?», –preguntó-. «En ti», -dices sonriendo.

Por Angélica Ponce