
El mundo que habito
tiene sus rarezas
y sus cosas cotidianas.
Les cuento…
El otro día, me encontré un dragón
columpiándose en la luna;
lo alumbraba una luciérnaga,
con crayones y puntillas de carbón.
En el ocaso de las montañas,
una mantis a sus amores contaba,
para apostar sus cabezas,
en juego de cartas.
Montado en un cometa,
un conejo se engominaba.
Navegando entre estrellas,
el acordeón tocaba.
Un murciélago andaba por tierras ignotas,
cuidando que no se le arrugaran las alas.
Mariposa vampírica y noctámbula,
que deambulaba entre porches, descalza.
Mi gato es testigo de todo,
apuntador de lo imposible y lo nocturno,
se fuga para cazar ratones, espectros,
musarañas y uno que otro cuento.
Pequeño demonio le llamo,
cuando deshebra bolas de fuego,
cuando come lagartijas
y desteje nudos de silencio.
En el mundo que habito
mi gato arropa mis sueños,
vigila que el íncubo no baje
ni yo me fuge en su eco…
Por Angélica Ponce