
Antes del principio
existían las abejas,
los Dioses y el inframundo.
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Eterno ocaso de tinnitus,
aburrimiento e imaginación agotadas.
Dioses ciegos, perezosos, ufanos.
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Llovió fuego,
cayó ceniza.
Huyeron las abejas.
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Olor a carne quemada,
ausencia de noche,
iridiscencia sin solsticio.
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Cisma de himen,
inocencia del vientre fecundo
maternar posibilidades.
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Sol no nato en suplicio,
entraña celeste,
vómito de estrellas.
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Luna que transmuta en diluvio,
supresión del letargo.
Los Dioses crean.
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Por las esquinas, cuatro bakab sostienen el cielo.
Una ceiba unge la matriz.
Dragón bicéfalo en la exósfera.
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Serpiente con pléyade luminiscente.
Memoria del fango y su desmigajo;
madera sin alma.
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Historias que quisieron ser,
antes del mundo hispánico.
Molienda de maíz.
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El origen del hombre y la mujer.
Victoriosos, trece Dioses
sobre el lomo de un cocodrilo.
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Franco vuelo de quetzal.
Por Angélica Ponce
Poema, Premio de Escritura 2023
por la Universidad de Montreal