
Me visto de mármol
para mirar el horizonte,
como bedel entre gárgolas
sobre los tejos.
Desagüe de historias
que rasgan la noche.
Secretos vertidos
que serpentean de día.
Testador de susurros,
ruina de ecos,
sofoco de gritos,
celador de lo indecible.
En campo estéril,
gozo de octubre.
Me vuelvo ocelote,
y crispado, observo.
Ciudad en caída
con muertos vivientes.
Hormigón y asfalto.
Vítores del caos.
Ingravidez por voluntad,
sometimiento de la inteligencia.
Desmemoria indiferente.
Ritos de óxido y sangre.
Exterminio por desprecio y oportunidad.
Juego de roles tirados a suerte:
Víctimas que son verdugos y verdugos, víctimas.
Eterno ciclo de sinrazones en juicios colectivos.
Me visto de mármol
y sacrifico a mi especie,
sabiendo que no hay mortaja,
ni sepulcro, ni paraíso eterno.
Suena la esquila.
Despliego mis alas,
antes de los jinetes
y los siete sellos.
Por Angélica Ponce