
Me acusas de cruel
porque no leo el futuro,
ni te doy lo que quieres.
Odias lo que miras
porque no sé mentir.
Olvidas qué soy.
Ente sin alma, neutro.
Azogado cristal,
doy sin escarceo
ni clarividencia.
Mutis cenizo
pulido por tu adicción.
Vinagre de dudas,
jirón de vanidades.
Recuerdo de la juventud,
espiral de estrías y surcos;
mancha perenne.
Hechizo que condena,
mácula en piel sin lustre.
Lozanía de una extraña,
en amenaza de tu reino.
Fábrica de miedos,
inseguridad palpable
en férreo reposo.
Si tanto mal te causo,
¿qué haces mirándote en mí?
Por Angélica Ponce