Funestas pesadillas

La muerte siempre me ha obsesionado. En mis peores pesadillas, me agarra en absurdos e histriónicos momentos, convirtiéndome en víctima de mi propio ridículo. Eso y los memes me tranquilizan en situaciones estresantes.

Vivo en una zona sísmica: la Ciudad de México. De niña me tocó experimentar el temblor que arrasó buena parte del centro capitalino, el 19 de septiembre de 1985. Entonces me encontraba en el sur, preparándome para ir a la escuela primaria. 32 años después repito la historia, pero invirtiendo los escenarios. Yo estoy en el centro y el sur se desmorona, también es un 19 de septiembre.

Que se mueva el suelo me asusta mucho, pero lo peor es la alerta sísmica. Ahí es cuando se activa mi sistema de autodefensa: pensar tonterías.

Escenario 1. Con los calzones abajo

La alerta sísmica está diseñada para sonar entre 60 y 120 segundos antes de que se presente el movimiento. Apenas el tiempo suficiente para buscar el punto más seguro de resguardo o evacuar un primer y segundo piso. Todo el mundo te dice que las escaleras y los elevadores son los lugares más inseguros cuando tiembla, pero nadie te habla de los baños ni de cómo actuar cuando te encuentras en una posición vulnerable. ¿Interrumpes la acción, te subes los calzones y sales?, ¿aguantas estoicamente y que suceda lo que tiene que pasar?, ¿qué haces?

Escenario 2. Envuelta por agua

Para sumarle emoción a la actividad sísmica, esta es impredecible. Aunque hay gente que piensa que el 1 de septiembre inicia nuestra temporada de temblores, la realidad es que todo el tiempo se nos está moviendo el piso. Solo tuvimos la terrible coincidencia de que los dos más impactantes de estos dos últimos siglos, hayan ocurrido un mismo día de septiembre, con sus respectivas réplicas. Visto así, en cualquier momento se presenta un eructo terrestre y te encuentra en la ducha. Siempre he pensando que no es tan preocupante si estás en casa, conoces sus fortalezas y sus debilidades. Es probable que hayas vivido varios sismos y sepas qué lugar es el mejor para resguardarte. Tu mente está dispuesta a actuar con cierta estrategia y lógica, a diferencia de lo que sucede cuando te topas con las histerias de otros. El pánico colectivo es alucinante. Ahí es cuando me veo en medio de la ducha en el gimnasio y ¡zas!, la alerta sísmica gorgotea en mi oído. Comienza el desalojo y tengo que atinar entre quitarme el jabón de los ojos, enrollarme en toalla, no correr con las chanclas mojadas y… ¿salir?, ¿adónde?, ¿a la calle?, ¿aguantar?, o ¿guarecerme fuera de la regadera?, porque en el área de máquinas o pesas, ni loca.

Escenario 3. Como Dios me trajo al mundo

Después de un fuerte sismo no llega la calma, sino las réplicas y la revisión de inmuebles. Así que si son visita y tienen el mal tino de experimentar un temblor que les cimbre hasta las pestañas, tras ser desalojados de un edificio, no intenten regresar por sus cosas y menos si hay cuarteaduras. Haya réplica o no. No entren hasta que las autoridades de protección civil digan que son seguros, porque puede haber derrumbes o fugas de gas y se pueden complicar las cosas. Entonces, pienso y ¿si estoy en un motel? En esa circunstancia no estaría sola, eso ya es un avance, pero qué tal que mal interpreto los movimientos oscilatorios y trepidatorios del seísmo, y no escucho la alerta y ya para cuando me doy cuenta de que la cama tiene manifestaciones dignas de un exorcismo, es demasiado tarde para levantarme. Supongo que, llegado este punto, lo mejor es quedar bajo el marco de la puerta del baño y la habitación, rogando que la obra fuera construida por un buen arquitecto e ingeniero civil. No vale salir en cueros, pasar vergüenzas y morir de frío. ¿O, si?

Por Angélica Ponce