Galleta de jengibre

Una y media barras de mantequilla.
Hundo mis dedos
en encuentro flácido y cremoso.

Dulce y sin grumos,
en fluir constante,
la leche condensada cae.

Dos yemas coronan la mezcla,
como joyas en el clímax,
batir que se aleja del punto de turrón.

Harina de trigo cernida,
cae como nevada
entre paredes de porcelana.

Una cucharadita de polvo para hornear,
cuaja las ansias del gozo,
inflama la Anunciación, con salpicaduras de agua.

En coupage perfecto,
canela y jengibre molidos, en media cucharada,
sobre azúcar moreno de miel orgásmica.

Horno precalentado a 180°,
los centígrados necesarios
para hornear una masa refrigerada.

Nuevo embate,
juego de roles.
Creación con moldes recortada.

Abandono de la cocina.

Por Angélica Ponce