Los tiempos que corren

¿Son tiempos buenos o malos?, preguntas.
Intento responder.

Pienso en el país,
en la violencia,
en el caos,
en la violación de los derechos humanos,
en la caída de la democracia,
en el fanatismo de unos y otros,
en mi intolerancia,
en nuestra ceguera y oídos sordos.

Pienso en el futuro.
Me aterra.
Me sobran pesadillas
y me faltan sueños.
Tengo la esperanza atorada,
la felicidad carcomida,
el corazón marcado por gorgojos.

Dolor punzante, ausencias.
Titubeo.

Quiero chillar, salir corriendo,
esconderme.
Huir de mí, de mis pensamientos.
Ceder al optimismo,
volverme resiliente.

No puedo mirarte,
no tengo respuesta.
Desearía engañarme
para engañarte con la historia
que alguna vez me contaron y creí,
pero perdí mi inocencia.
Dejé de abrazarme al absurdo.

Tomas mi mano
y no puedo evitar tus ojos.
Esos ojos que rompen el silencio.

Me ruborizo.
Sonríes.
Son tiempos buenos, dices.
“Nos encontramos”.

Por Angélica Ponce