
Esta manta sirve para mandar mensajes,
yo la usaba para cubrir del frío a mis hijos.
A los cárteles les pido piedad, que no maten
ni amenacen a las madres buscadoras…
-Ceci Flores
El 21 de octubre de 2019 en Puerto Peñasco, Sonora, después de caminar y examinar el suelo árido y despoblado de sus alrededores, en tres días, las Madres Buscadoras de Sonora y los Armadillos de Arizona encontraron más de cincuenta cuerpos enterrados. Las autoridades no dan crédito. Cuando se presentan en la escena le piden su nombre y sus datos a Ceci Patricia Flores Armenta, madre buscadora que encabeza la expedición.
Hierve la tierra. El termómetro marca más de 25° C. Las autoridades terminan el interrogatorio. Su vehículo presenta fallas. Dicen que se marchan para arreglar el desperfecto y regresar en breve. Se van. Los buscadores retoman su tarea, pero no por mucho tiempo. Llega el cártel y los encañona. “Eran cuatro personas: dos varones y dos mujeres”, recuerda Ceci. Iban encapuchados. Preguntan por ella. La identifican y les dan la orden de tenderse en el suelo, sin dejar de apuntarles con armas largas.
Ceci permanece de pie, alega: “no me voy a tirar al suelo. Si me vas a matar, mírame a los ojos, para que veas a una persona inocente”. El hombre que da las órdenes le dice: “todos los que están aquí es porque se lo merecen. Son escorias de la sociedad. Aquí solo están enterrados delincuentes, matones, violadores…”.
Interrumpe, Ceci: “ustedes dicen que son justos y que solo matan delincuentes. Yo no soy delincuente, soy una madre desesperada que tiene dos hijos desaparecidos”. Con desdén, el encapuchado pregunta: “¿quién eres?, ¿quién te paga?, ¿de dónde vienes?, si sabes que aquí se van a quedar, ¿verdad?”.
“Si me vas a matar, mírame a los ojos -dice una Ceci desafiante-, porque el día de mañana alguien te va a matar, te va a desaparecer y tu mamá te va a buscar, y ella va a tener a alguien enfrente que le va a hacer lo mismo que tú me estás haciendo. Mírame como si yo fuera tu mamá y piensa en mis hijos como si fueras tú, porque con la vida que llevas te van a desaparecer y tu mamá irá con las Madres Buscadoras para encontrarte y le van a quitar la vida. Matar a una madre buscadora es matar la posibilidad de que un día puedas volver a casa”.
Se hizo el silencio. Segundos en los que solo se escuchó al desierto. El hombre lo cortó de tajo: “tienes una oportunidad para volver a tu casa. Agarren sus cosas, váyanse y no vuelvan. Solo nos quedaremos con los teléfonos”.
Mientras los celulares les eran retirados a las Madres Buscadoras y a los Armadillos de Arizona, Ceci se aferra al suyo: “no me lo quites, es lo único que tengo de mis hijos. Sus últimas llamadas, sus últimos mensajes, es todo lo que tengo para recordar. Deja que me lo quede”.
“Se los vamos a dejar a la salida para garantizar que se va a ir y ya no va a volver”, apuntó el encapuchado. Cumplió. Ceci está convencida que miraron su dolor, que se sensibilizaron y que por eso los dejaron vivir.
Después del incidente y sabiendo que las autoridades los entregaron a los cárteles, todas las veces que tiene oportunidad, Ceci les habla para que no maten a las Madres Buscadoras, pese a las críticas. Está convencida que puede obtener más respuestas de ellos que de las autoridades, “porque ¿quién se llevó a mis hijos? Los cárteles. ¿Quiénes saben la verdad que yo busco? Los cárteles. ¿Quiénes matan, desaparecen, amedrentan y mandan en el país? Los cárteles”.
Hasta diciembre de 2023[1], antes de que el gobierno de México desapareciera a los desaparecidos, se tenía un registro de 114 mil 690 personas no localizadas[2]. Cifra que vuelve a tomar relevancia el 4 de marzo de 2024, cuando un juez ordena a la Federación no alterar o modificar los datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y no Localizadas[3].
Para Ceci Flores, “México es el panteón donde ni siquiera nos dejan poner flores”, pues muchas familias no sabemos dónde están nuestros seres queridos. Hasta febrero de 2024 se tiene un registro de desaparición diaria de 26 personas[4], a las que habría que sumar las que no son reportadas. Se destacan por sus números Tamaulipas, Jalisco[5] y Estado de México.
Por casi nueve años, junto con las Madres Buscadoras, Ceci Flores ha localizado más de 2 mil restos humanos, luego de que en octubre de 2015 su vida diera un vuelco tras recibir una llamada: “Necesito que busques a Alex”, le dijo una mujer al otro lado de la línea. No lo encontró. Alejandro había sido levantado en Los Mochis, Sinaloa. Tenía 21 años de edad. Sin saber nada, Patricia comenzó su búsqueda. Ahí conoció a las Rastreadoras, quienes le enseñaron cómo observar el terreno para encontrar y excavar fosas clandestinas, a utilizar el “vidente”[6], a agudizar los sentidos para identificar cuerpos en descomposición. Pese a todo, incluyendo enfrentar a los captores de su hijo y luego buscarlos porque también fueron desaparecidos por grupos criminales[7], Alejandro no ha sido encontrado.
Casi cuatro años después, Marco Antonio y Jesús Adrián corrían la misma suerte que su hermano. Marco de 31 años y Jesús de 15 eran secuestrados por hombres armados en Costa de Hermosillo, Sonora. Poco tiempo después, Ceci supo que los levantamientos de sus tres hijos estaban relacionados.
Yendo de un lado a otro. Investigando, preguntando, Ceci logró llegar a los responsables y recuperar a Jesús Adrián. El 9 de mayo de 2019 recibió una llamada en la que le decía que le tenían su regalo de Día de las Madres, pero tenía que ir a recogerlo al monte. “No vaya sola, es un lugar peligroso, Llévese una patrulla”, remató la voz. Familiares y amigos les advirtieron que podría ser una trampa, le pidieron que no fuera. Ella no escuchó.
“Ya no tenía vida, no tenía cordura, no tenía nada. Si ya estaba muerta, qué más me costaba arriesgarme. Me decían que estaba loca, que me iban a matar. Yo respondía: ‘pues van a matar un cuerpo porque mi alma ya está muerta. Yo voy a buscar a mis hijos y si es verdad que me los van a entregar pues voy a ir’.”
En medio de la incertidumbre y el miedo, Patricia llegó y encontró a su hijo menor parado a la orilla de la carretera. “Los metros que más trabajo me han costado”, recuerda, “después de sentir a mis hijos muertos ver a uno con vida, me devuelve un poco la paz”. Luego vendrían las preguntas sobre el paradero de Marco Antonio, que se quedarían pospuestas, primero por el llanto inconsolable del joven, luego por advertencia de la misma Ceci: “Las autoridades quisieron interrogarlo y yo no lo permití. Mi hijo tenía 15 años y yo tenía que estar presente su declaración, así que le dije: ‘lo que hayas visto no vas a decir nada, porque te van a matar junto conmigo. En casa lo vamos a arreglar’. Adrián dijo que todo el tiempo estuvo encapuchado. No sabía nada ni había visto nada. Cuando llegamos a casa, supe que no volveríamos a ver a su hermano con vida”. También supo que tendría que salir a encontrar fosas clandestinas, a cavar la tierra, a buscar a sus hijos[8].
Ceci retomó las búsquedas el 12 de mayo de 2019, convocando a un grupo de madres de desaparecidos, así nacieron las Madres Buscadoras de Sonora, uno de los varios colectivos que buscan regresar a los suyos a casa.
Por Angélica Ponce
[1] El 14 de diciembre de 2023, la Secretaría de Gobernación presentó su último censo de personas desaparecidas en el que se afirmó que solo existen 12 mil 377.
[2] Redacción. “Juez ordena al gobierno de AMLO no alterar el Registro Nacional de Personas Desaparecidas”. Latinus, 5 de marzo de 2024.
[3] Campos, Mariana. “Juez suspende modificaciones al registro de personas desaparecidas; le exige a AMLO que cumpla sus órdenes”. Infobae, 5 de marzo de 2024.
[4] De acuerdo con Data Cívica y el Nuevo Registro Nacional para Personas Desaparecidas, publicado por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, de cada 10 individuos 7 son hombres, entre 25 y 29 años de edad, y 3 mujeres, entre 15 y 19 años de edad.
[5] Jalisco es el estado con más desaparecidos en el país, hasta mediados de 2023 se registraron 15 mil personas sin localizar. El 18 de febrero de 2022, las Madres Buscadoras de Sonora, fueron llamadas para buscar restos en Tlajomulco de Zúñiga, la fosa clandestina más grande de México (junto con Zapopan y Guadalajara concentra el 8% de las desapariciones registradas en este sexenio. Fuente: Organización A dónde van los desaparecidos). Ante la magnitud de la tarea, según la información recibida, ellas convocaron a otros colectivos, sumando a Guanajuato, Michoacán, Puebla, Edomex, Querétaro y CDMX. A lo largo de tres días, encontraron 84 cuerpos. En consecuencia, nacieron las Madres Buscadoras de Jalisco. Véase Flores Armenta, Ceci Patricia. Madre buscadora. Crónica de la desesperación. Fondo Blanco Editorial, 2023.
[6] Varilla empleada para saber si la tierra tiene poco tiempo de haber sido removida.
[7] Los restos de los secuestradores de los hijos de Ceci, fueron localizados por las Madres Buscadoras. Ella participó de la búsqueda y el hallazgo por petición de los padres de los jóvenes. En uno de los casos, los padres desconocían de la participación de su hijo en el rapto y desaparición de Marco Antonio, hasta que Patricia se los reveló. En el otro caso, la madre del desaparecido estaba enterada de lo que su hijo le había hecho a Alejandro; se disculpó con Ceci y rogó por su intervención.
[8] “Yo busco a un culpable y busco a un inocente, pero los dos son mis hijos y los busco con el mismo amor, con la misma fuerza”, dice Ceci Flores, quien supo que Marco Antonio tenía una deuda con el cártel. Ellos se lo llevaron porque, aunque no trabajaba con ellos ni para ellos, vendía droga en su tienda de abarrotes.