Ombligo de luna

En flirteo con el insomnio

juego con la noche

y me convierto en luna.

Orbito en mes sinódico

de veintinueve punto cinco días,

con ardor de vulva creciente.

Soy luna llena que resplandece sin recato,

con brillo de luz robada.

Navegación etérea por el cosmos.

Gibosa menguante de temperamento equino.

Bebo tu semen a sorbos

conturbando las aguas del infinito.

Constelación en displicencia, en azoro.

Eco que hiere a 90 grados del sol.

cuarto menguante que agoniza.

Soy luna de fuego detrás del eclipse.

Me transmuto en infierno,

apago las luces y agito mareas.

Me adueño de tu piel y exploro tus recovecos.

Trance erótico en destrucción y construcción de inocencia.

Sueño entre dunas en busca del principio.

Soy luna nueva que acuna tu cuerpo,

entre cuernos de gibosa ascendente,

cuando tu corazón llora y la tristeza corroe.

Cuarto creciente en agonía de los desaparecidos

Grilletes incendiarios sin voz,

estigmas azules que dejaron llagas, que hieren.

Soy luna de ciervo que chilla,

que lame sus heridas cuando no hay cantos de grillos,

que sucumbe ante Esturión.

En tiempos de cosecha

soy luna rosa

y de fresa y de flores.

Soy gusano, soy lobo, soy castor.

Por Angélica Ponce