Porno rosa

– Dicen que la literatura es mitad autobiográfica y mitad mentira. Cuando escribes ¿qué tanto es verdad y qué tanto es mentira?

– No te dejes engañar. Todo es una invención. ¿Tú crees que yo andaría ventilando mi vida o la de mis conocidos? Ahora estaría pagando indemnizaciones o el psiquiatra y sin regalías.

– Quizás no en las historias, pero ¿y el sexo?, manejas unos momentos eróticos casi pornográficos, que no por nada te dieron un reconocimiento de una de las editoriales más importantes más del mundo. Escuchen esto, amigos:

Me gustan tus contracciones, cómo tus músculos succionan mis dedos. Tus piernas abiertas. Tu pubis revuelto y moreno. La cálida y breve oquedad entre tus nalgas…
Recorriendo tu geografía me mimetizo en tu verga, me atrapo en mi vulva. Aprendo tu celo y me redescubro, me pertenezco.”

– No sé ustedes, pero después de leer y escuchar a Ros no sé cómo podré continuar con el programa. Hasta nuestro floor manager se ha puesto nervioso… Pero, no has contestado, Ros.

– Acabo de sentirme Sade, ¡qué honor!, la verdad es que no sé qué decir, quizás debería responder mi marido.

– ¡Tu marido, claro! Chicos, veámoslo… ¿la cámara 2 lo tiene? ¡Señoras y señores, se ha ruborizado!, Ros, es una excelente señal, ¡el hombre se ve feliz!

– Tenemos 12 años de casados y 15 de conocernos. Algo habré hecho bien.

– Seguro que no le ha faltado buen sexo… Ros, ha sido un placer tenerte con nosotros, esperamos verte muy pronto con un nuevo éxito editorial. Y ustedes mis queridos amigos no se pierdan la candente novela de Rosy Vázquez, Porno rosa… Volvemos después de un corte.

***

– ¿Y bien?

– ¿Y bien qué?

– ¿Qué te pareció la entrevista? No has dicho nada desde que salimos de la televisora.

– Pues, no sé. ¿Bien?

– ¿Solo bien?, ¿estás molesto?

– No, solo incomodo, ¿sabes qué es molesto?

– Ser el esposo de…

– No digas estupideces, te amo. Que seas más famosa que yo, no me importa. Mis amigos y mi familia saben que gano más que tú, que te mantengo, que por eso escribes. Eso es suficiente para satisfacer mi ego.

– ¿Entonces? No entiendo.

– Son estas entrevistas, con público. Quedo como el marido de la mujer que hace realidad cualquier fantasía sexual y es incómodo. Este papel no termina de gustarme. Todos me miran y eso no es lo peor, lo terrible es que tú y yo ni siquiera cogemos.

***

– ¿Vienes a la cama?

– No, aún no. Escribiré un rato más. Sabes que fluyo mejor en la noche.

– Ok, buenas noches.

– Te amo.

– Y yo a ti.

Si me miro en tus ojos navego en humedades. Me veo desnuda. Los pezones erectos y el coño suplicante con los labios hinchados de deseo”. No creo que coño sea la palabra correcta, ese horrible españolismo rompe la estructura. Vulva, ¿tal vez? No sé, definitivamente no estoy inspirada, quizás mañana.

– Amor, ahora te alcanzo. Leeré contigo en la cama.

Por Angélica Ponce