Parte 3 de 3

Stephen cierra los ojos; escarba en su mente buscando alguna imagen que le alivie el dolor, pero solo encuentra rabia y miedo. Los últimos tres días fueron una pesadilla que comenzó con la huida de Maka, del psiquiátrico. Ahora que ha muerto, tampoco tiene la certeza del fin. Sabe que Ian está vivo y podría recuperarse para acabar lo que comenzó su exmujer. Está cansado, quiere rendirse. Piensa en Agnes, ¿lo echaría de menos?, ¿estaría mejor sin él?, se pregunta.
En medio de sus cavilaciones, Stephen siente un pequeño cuerpo peludo frotarse contra su costado derecho. Le duele el contacto, pero no se asusta. Abre los ojos y se topa con la mirada inquisitiva de Nube, se sorprende al encontrarse con la gata persa; se perdió mucho tiempo antes de que Maka enloqueciera.
El paramédico se acerca a Stephen, con dos camilleros. Se disculpa por la demora y le cuenta que afuera de su casa, un hombre mayor se ha pegado un tiro en la cabeza, causando caos entre los mirones y la policía. Stephen no entiende lo que le dicen. No escuchó el disparo ni sintió el paso del tiempo. Pregunta por la gata. Lo ignoran y lo suben a la ambulancia.
Ian
Nadie sabe cuándo apareció Ian en la vida de Maka, ni si existió entre ellos una relación amorosa. No hay registros de él en el psiquiátrico, pero sí las grabaciones donde se le ve irrumpiendo en el centro para provocar la fuga de cinco internos. Conocía el lugar.
Sin titubeos, Ian arrojó gas pimienta al pabellón donde unas veinte personas esperaban su medicación. Se encendieron las alarmas y se desplazaron todos los elementos de seguridad hasta el lugar, liberando la vigilancia del área de reclusión de Maka y otras cuatro personas. Dos de ellas fueron reaprehendidas una hora después.
Stephen se enteró de la fuga por las noticias. Tras volver del trabajo, encendió el televisor y se sirvió una cerveza que dejó caer cuando apareció el rostro de Maka, junto a otras dos personas, en el monitor. Las autoridades desconocían el paradero de los internos y solicitaban el apoyo de la población para brindar informes para su captura, y prevenir cualquier interacción. Había transcurrido un día y medio. Agnes no estaba en casa. El colegio había organizado un campamento fuera de la ciudad y tardaría en volver. Eso tranquilizó un poco a Stephen, si Maka decidía buscarlo la niña no correría peligro, aun así, optó por contactar a sus exsuegros. La llamada no fue cortés ni tranquilizadora, pero sí le dio una radiografía de qué esperar: nada.
¿Quién eres?
Cuando Ian abrió el pabellón donde estaba Maka y soltó una bomba de humo, ella no hizo nada. Se quedó en el centro del salón mirando cómo la gente corría, mientras una silueta negra se le acercaba. Le tendió la mano y se dejó llevar. Detrás de ellos, cuatro internos más los siguieron. Nadie los detuvo. Apenas pisaron la calle, el grupo se separó. Cuando Maka quiso irse, Ian la condujo a un auto y se perdieron.
Me llamo Ian. No nos conocíamos hasta hoy.
-¿Estás loco?
-¿En serio me preguntas eso? Tú eras la que estaba en esa institución, no yo… espera, lo siento, no fue mi intención ofenderte. Supongo, que sí estoy un poco pirado. ¿Tienes algún lugar adónde quieras que te lleve?
-¿Por qué me sacaste?
-Porque sí, porque estaba aburrido. Mi plan original no era traer a nadie conmigo, solo agitar el avispero, pero te vi y pensé que necesitabas ayuda. ¿Me equivoqué?
-No, estaba harta de ese lugar. Es tan maniacamente deprimente. ¿Tienes un cigarro?
-Mejor que eso, ¿quieres ir de fiesta?
Mientras el rostro de Maka circulaba en medios, ella e Ian se montaron una fiesta de dos días en su loft. No les hizo falta nada ni nadie para conocerse y reconocerse. Ian se declaró perdidamente enamorado y le prepuso matrimonio. Maka le dijo que era casada y mientras viviera su marido, no podría contraer nupcias con nadie. En ese momento, Ian decidió hacerla viuda. A ella le encantó la idea.
Lo primero, dijo Maka, era encontrar a Stephen, pues no conforme con encerrarla en un manicomio se había llevado a su hija y se había mudado de casa. Todo para castigarla y no divorciarse. Ian tenía dinero y contactos, podría localizarlo y lo hizo. Lo demás era terminar con el inconveniente. Eso sería más fácil, podía a pagarle a alguien para que hiciera el trabajo.
Maka se negó, quería hacerlo ella misma y si él la amaba tanto como decía, le ayudaría. Deseaba, dijo, que sufriera y rogara por su vida. De mala gana, Ian aceptó. Mientras él se preparaba para terminar con Stephen, ella llamó a sus padres para contarles de su nuevo comienzo. Alfonso, su padre, tomó la llamada y pensó en ponerle remedio a la locura de su hija. Sería doloroso, pero no podía permitirle que dañara a su nieta. Buscó su arma, besó a su esposa y manejó a la casa de su exyerno.
La noche
Stephen no tenía un plan. Había pasado dos días en tensión y sin mayores noticias de la fuga. Después de las aprehensiones de las primeras horas, no había rastro de Maka. Intentó que su rutina no se afectara, se consolaba pensando que ella, quizás, solo huiría y dejaría de perseguirlo. Hasta que lo encontró.
Esa noche llovía, le inquietaba que la casa tuviera filtraciones. No había tenido tiempo de revisar el techado. Antes de sentarse a mirar televisión, decidió revisar la recámara de Agnes y asegurar las ventanas de la parte alta de la casa. Todo parecía en orden hasta que escuchó un ruido en el ático. Bajó a la cocina por una lámpara y volvió a subir, para revisar el área. No había nada fuera de lugar. Con medio cuerpo en las escaleras, sintió un jalón que lo llevó al piso. Un desconocido le tiraba un golpe en el vientre, mientras Maka intentaba apuñalarlo con una navaja. Stephen alcanzó a golpearle el rostro con la lámpara y pateó al hombre. Pudo ponerse de pie. Sin llegar muy lejos, Ian lo alcanzó y lo derribó cerca de las escaleras. Pudo haberle quebrado el cuello, pero Maka lo detuvo, gritando su nombre le dijo que era suyo, que a ella le correspondía eliminarlo. Ian se hizo a un lado y Stephen pudo reponerse y contratacar.
Maka se tambaleó e Ian se interpuso entre la pareja. En el forcejeo por arrebatarle la lámpara a Stephen, arrollaron a la mujer, quien de espaldas a la escalera no pudo detener su caída. Ian intentó alcanzarla, pero cayó de bruces sobre el primer escalón, rompiéndose la quijada. Maka se quebró, era imposible que siguiera viva. Stephen intentó huir, brincando a Ian, pero este cobró nueva fuerza y se lanzó sobre él. Al mismo tiempo Stephen se hizo de la navaja de Maka y cuando Ian caía sobre él, alcanzó a hacerle un corte muy cerca de la yugular. Tambaleante, Ian baja las escaleras e intenta salir de la casa. Ha perdido demasiada sangre y cae en el umbral de la casa. Pese a la tormenta, el alboroto despierta a los vecinos, alguien llama al 911 y en minutos la calle se llena de sirenas y mirones. Entre ellos, el papá de Maka, quien ha llegado tarde y tras enterarse de la muerte de su hija, decide darse un tiro en la cabeza. Ian no sobrevive, muere apenas llega la ambulancia al hospital. Mientras Stephen entra al quirófano. Pese a las heridas graves, podrá rehacer su vida.
Por Angélica Ponce