
Chata, chatita, tiende la manta
y cobíjame con tu enagua.
Olvida las labores
y recuéstate conmigo.
Las horas se irán y yo,
sin ti,
me perderé en el ocaso.
Acepta que mis manos
memoricen tu piel,
para tatuarme en ella.
Acúname en tus brazos.
Deja que sueñe entre tus pezones erectos.
Aprisióname con tus piernas,
devora mi lengua,
sorbe mis sesos.
Hierve mis sentidos.
Guarece mi lanza,
en creciente deseo.
Chata, chatita
no seas rejega.
Sirvámonos del día como de la noche,
juguemos entre las sombras.
Cimbremos los abetos.
Hazte con mi celo.
Ahógame con tus aguas.
Eterno renacer.
Por Angélica Ponce