Venganza y caída de la pituita

Hoy las ideas se fugaron

con mi dignidad,

dejando una nariz hinchada

y lagrimeo ocular.

Insurrección viral,

en ataque corpóreo,

con saldo negativo:

una cabeza nublada

y una gotera nasal.

A veces espesa y otras acuosa,

la pituita muta y muta,

escurridiza y pegajosa,

de la transparencia al verde olivar.

Sin modo princesa,

sin aliento acompasado

con resuellos de nunca acabar.

¡Maldita oportunista!,

es esa moquita.

Por eso salve la hora

del médico que he de visitar,

que ando con urgencia

de historias por acabar.

Por Angélica Ponce