
«Ifigenia tenía fama de bruja. Aunque nadie creía que se trasformara en guajolote y volara entre tejados, o que chupara las molleras de los recién nacidos para hinchar su vientre con la sangre caliente y bailar desnuda entre los montes, o que se vistiera de blanco para matar hombres infieles en medio de los campos o a pie de carretera a medianoche, nadie se atrevía a desafiarla…»
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